7 de junio de 2013

VIERNES DE LEYENDA I - LEYENDA DE LA CALLE DE LA PIERNA

Buenos días a todos, he pensando que voy a dedicar los viernes a contar leyendas que ocurren en nuestra ciudad de Córdoba y provincia.

La primera que voy a contar hoy es la leyenda de la calle de la pierna. En realidad hay dos variantes, así que os escribo ambas. Esta ocurre en Córdoba capital.

Cuentan que en aquella casa (número 4 de la calle de la Pierna, actual Calle Barroso) vivía una joven que no solamente pasaba el día en la ventana indagando la vida de sus vecinos, sino que muchas noches hacía lo mismo, acarreándose el odio de todos los que conocían aquella conducta.
Una noche puesta en su sitio de costumbre, vio ir hacia la parroquia dos filas de luces alumbrando un féretro que ocupaba el centro. Ya cerca, se acercó a la reja uno de los acompañantes y le rogó que le guardase el cirio que llevaba en la mano para recogerlo al día siguiente, por no serle posible seguir a causa de encontrarse enfermo. Accedió la joven a la petición, y después de tomar el cirio, su curiosidad le hizo preguntar el nombre a quién llevaban a enterrar. Oyendo con asombro que el desconocido pronunció el nombre de ella, la sorpresa le hizo dar un grito y caer desmayada. Cuando volvió en sí aún apretaba en la mano la canilla de un muerto en que la vela se le había convertido. Añaden que no sólo quedó curada de su mala costumbre, sino que se colocó la pierna en el sitio que aún podemos ver en dicha calle en memoria de este hecho.
Otros -y éstos no alcanzaron tanto crédito- inventaron que en esta casa vivió una joven extremadamente bella, pero tan orgullosa y de mal carácter que nadie podía sufrirla, llegando su desmedido amor propio a creerse la más hermosa del mundo y a despreciar a todos aquellos que no la adulaban. A tal extremo llegó su presunción que se creía superior a su padre, a quien maltrataba por su extremada pobreza.
Un día se acercó éste a pedirla un socorro con qué atender a sus necesidades. Mas, en vez de obtenerlo, lo recibió la joven con multitud de injurias. El pobre anciano contestó dignamente, no creyendo que su hija cometiese la infame acción de arrojarlo a puntapiés de su casa, lo que daría lugar a que la maldición paterna cayese sobre ella hasta tal punto, que la pierna con que le había ofendido se le convirtió en piedra, muriendo entre los más agudos dolores, castigo con el que la Providencia le hizo comprender lo mucho que le había ultrajado.

¿Conocíais estas leyendas? ¿Cuál es la que más os gusta?

Un saludo desde el "Jardín de Romero Barros"

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